Universidad Tecnológica Nacional
Facultad Regional Santa Fe
Lavaise 610, 3000 - Santa Fe (Argentina)
Esta investigación forma parte de la sesión “The
Future as Past: preserving the computer age” organizada por Christine Finn,
Sellam Ismail y Dag Spicer, de la “V Conferencia Mundial de Arqueología”, que
se celebrará los días 21 al 28 de Junio de 2003 en la Universidad Católica de
América, Washington DC, Estados Unidos.
Objeto de la investigación
La evolución de la
tecnología de la información ha sido, y es, tan vertiginosa que se puede
comparar a la evolución que ha tenido el mundo hasta hoy a lo largo de muchos
años, pero en un tiempo mucho más breve y de un modo menos misterioso y lento.
Las computadoras dan la oportunidad de no esperar a que su evolución sea un
misterio para comenzar a recopilar el pasado y la forma en que su tecnología
evolucionó hacia el estado actual (sólo basta con situarnos veinte años atrás y
veremos cuánto se ha avanzado en la materia); su estudio nos permite conocer
cuáles fueron los paradigmas sociales y tecnológicos que llevaron al hombre a
crearla y modificarla hasta alcanzar el grado de desarrollo que tiene hoy[1].
Por consecuencia,
la idea de considerar un espacio para contener y estudiar la evolución de la
tecnología informática, permitirá a futuras generaciones aprender sobre la
historia de las computadoras; los medios de almacenamiento de la información y
la necesidad de contar con métodos modernos para poder contener todo el
conocimiento y los datos que se generan día tras día; las comunicaciones que se
desarrollaron a partir de su aparición y las formas de procesamiento de la
información
Este trabajo tiene por finalidad localizar, en la Argentina, las
máquinas que fueron aplicadas al tratamiento de datos y fueron predecesoras de
las actuales computadoras basadas en dispositivos microelectrónicos. En este
trabajo se describen los primeros lugares donde se encontraron restos o piezas
completas de máquinas. Cuando ello sea posible, los restos hallados se
conservarán, exhibirán y estudiarán en una institución en formación, en la
ciudad de Santa Fe, cuyas características se detallan al final del presente
trabajo.
La investigación se justifica, en primer lugar, porque la importancia de
la computadora y sus aplicaciones en el mundo actual mueven a estudiar y
rescatar sus predecesoras. En segundo lugar,
porque la Argentina fue, desde comienzos del siglo XX, un mercado importante,
primero de las calculadoras de escritorio europeas y estadounidenses, luego de
las tabuladoras y máquinas de contabilidad estadounidenses y francesas (IBM. y
Bull) y, a partir de 1960, de las computadoras estadounidenses (IBM., Univac,
Burroughs, National) que comenzaron a remplazar a las máquinas de contabilidad.
La tarea de encontrar calculadoras, tabuladoras, máquinas de
contabilidad y computadoras
pertenecientes al período anterior a la aparición de la IBM PC, no es fácil en
un país que no jugó un papel importante en su desarrollo y concepción; aun
cuando hubo algunos intentos frustrados para desarrollar una computadora en
Argentina. La información documental es escasa y difícil de obtener, porque son
pocas las empresas y organizaciones que tienen el hábito de conservar sus
antecedentes. Muchas veces sólo se pueden recuperar algunos documentos gracias
a un empleado o funcionario que se preocupó por guardarlos.
Las primeras computadoras de
la Argentina y sus antecesoras
IBM abrió su primer local de ventas en Buenos Aires en 1923, cuando
todavía era CTR[2], donde
se exhibían balanzas calculadoras, relojes marcadores, máquinas de picar carne,
cortadoras de fiambres y mollinillos de café, pero no tabuladoras. Las dos
primeras fueron importadas en 1925, cuando CTR ya era Internacional Business
Machines Corp. y se instalaron en las Direcciones de Estadística de la Nación y
de la Provincia de Buenos Aires. Se cree que en 1911 llegó la primera máquina
de tarjetas perforadas para una empresa ferroviaria, posiblemente de origen
inglés (la mayor parte de los ferrocarriles argentinos de esa época eran
ingleses) pero no se tienen registros históricos de este hecho. En 1933 comenzó
a proveer servicios a terceros (el llamado service-bureau)
y a dictar cursos de manejo de máquinas eléctricas de contabilidad (EAM, Electric Accounting Machine), que en
1941 se convirtieron en escuela de operadores de EAM. También en 1933 se abrió
en Buenos Aires una representación de la Compagnie des Machines Bull, de
Francia, cuyas máquinas de contabilidad fueron una seria competencia de IBM.
En los años 30, la estación del actual Ferrocarril General Belgrano de
la ciudad de Santa Fe (que se llamaba entonces Ferrocarril Santa Fe) adoptó una
máquina de tarjetas perforadas para agilizar la información retenida en las
planillas contables. La máquina, que estaba ubicada en una sala de la estación
y era manejada por personal capacitado, funcionó hasta 1948, cuando se produjo
la nacionalización de los ferrocarriles, y fue trasladada a uno de los mayores
talleres ferroviarios de la Argentina, situado en la ciudad de Tafí Viejo,
provincia de Tucumán. “Era una máquina Hollerith y no tuvieron piedad con
ella" [1].
En 1960, mientras
IBM-WTC[3]
completaba el desarrollo de su planta manufacturera en Argentina [2], las primeras computadoras comenzaban a llegar a país, aunque la decisión
de adquirirlas tuvo que ser mucho tiempo antes, ya que las computadoras de
entonces requerían una preparación del espacio físico que debía alojarlas tan
considerable como la preparación del entorno humano e institucional al que
estaban destinadas y eso llevaba tiempo. Las máquinas, que tuvieron destinos
completamente diferentes, eran cuatro de origen norteamericano (dos provenían
de IBM; y las otras dos eran de Univac), la restante era de origen inglés. Las
computadoras que trajo IBM eran una IBM
305 RAMAC -que fue exhibida en una muestra conmemorativa del 150
aniversario de la revolución del 25 Mayo de 1810 (que dio comienzo a la
independencia argentina)- y una IBM Type 650 RAMAC que se instaló en la
sede de Ferrocarriles Argentinos. Las computadoras Univac, que la Remington
Rand Sudamericana instaló en Transportes de Buenos Aires, eran dos USS 90 (Univac Solid State). La
computadora inglesa, una Ferranti
Mercury II, había sido adquirida por la Universidad de Buenos Aires con
destino a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales [3].
La adquisición de la computadora de la Universidad de Buenos Aires había
sido iniciativa del Dr. Manuel Sadosky, Director del Departamento de Matemática
de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y fue utilizada en el Instituto
de Cálculo, de ese departamento, que Sadosky creó al año siguiente. La Mercury II, que fue seleccionada en un
concurso en el que también participaron Philco, Remington e IBM, había sido
construida por Ferranti Ltd. con diseño de la Universidad de Manchester y, a
pesar de que ya tenía cierta antigüedad (era valvulada), ostentaba
características que la hacían preferible como computadora científica. Además de
un compaginador simbólico (assembler),
Pig
2, traía un compilador Autocode, que, “era una especie de Fortran
primitivo” [4]. La primera preparación estuvo a cargo de Cecily
Popplewell, que había trabajado antes con Alan M. Turing, vino especialmente
desde Inglaterra para dictar un curso que duró una semana. La Mercury II costó
la suma de 152.000 libras esterlinas, que fueron financiadas por el Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. La máquina tenía entrada y
salida por cinta perforada, similar a las que utilizaban los teletipos de
entonces para transmitir telegramas. Luego, ingenieros argentinos le agregaron
una convertidora de tarjetas perforadas, que era el sistema de entrada/salida
utilizado en las máquinas de contabilidad y el más difundido hasta la aparición
de las microcomputadoras.
La Mercury II fue utilizada para realizar los trabajos del Instituto de
Cálculo, que comprendieron cálculos astronómicos (verificación de los cálculos
manuales hechos por el astrónomo ítalo-argentino Francisco J. Bobone sobre el
pasaje del cometa Halley en 1904), modelos matemáticos de cuencas fluviales y
econométricos, desarrollo en computadora del método de camino crítico (CPM),
estudios de mecánica del sólido, problemas lingüísticos y problemas
estadísticos. “Después de dos años de trabajo todo estaba perfecto, hasta la
última cifra, aprendimos muchísimo y visto desde esta perspectiva moderna,
hicimos un trabajo increíble con una máquina que probablemente tenía la
potencia, velocidad y memoria de una calculadora de mano moderna de $ 29.95”
[4].
La Mercury II funcionó interrumpidamente hasta mediados de 1966, cuando
la Universidad de Buenos Aires fue intervenida por el gobierno surgido del
golpe militar de ese año. La violenta represión de la resistencia opuesta por
profesores y alumnos de la Facultad de Ciencias Exactas motivó que los miembros
del Instituto de Cálculo (junto a muchos otros docentes e investigadores) renunciaran a sus cargos, lo que acarreó la
desaparición del Instituto y el paulatino abandono de la computadora, que
pronto dejó de funcionar y fue "canibalizada".
Durante ese período (1956-1966) se produjo también en la Universidad de
Buenos Aires, por iniciativa del Ing. Humberto Ciancaglini, la primera
computadora experimental de América Latina: la CEFIBA (Computadora Electrónica de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad de Buenos Aires), que era de transistores, de la cual sólo se
conservan, en un museo de Buenos Aires, algunas partes aisladas. La
construcción de la segunda computadora experimental, la CEUNS (Computador Electrónico de la Universidad Nacional del Sur),
fue emprendida en la sede universitaria de Bahía Blanca (Provincia de Buenos
Aires) por Jorge Santos y quedó interrumpida por efecto de los acontecimientos
políticos del año 1966. Entre 1977 y
1980 se construyó, bajo la dirección del Ing. Juan Carlos Escudé y también en
Bahía Blanca, pero en dependencias de la Marina, un prototipo de computadora
especializada, ARGENTA, del cual se
conservan restos dispersos.
Dificultades encontradas
El destino de las máquinas experimentales antes mencionadas pone de
manifiesto una despreocupación general por conservar esos testimonios del
pasado. A ello se agrega, en el caso de IBM (que dominaba el mercado) el
sistema de comercialización que regía desde los tiempos de la tabuladora,
consistente en alquilar las máquinas en lugar de venderlas a sus clientes. Ello
facilitó el reemplazo de las
computadoras en uso por modelos con mejores prestaciones (menor tamaño, mayor
volumen de información manejado, mayor velocidad de procesamiento, mayor poder
de almacenamiento de caracteres, nuevos periféricos, etc.). Por lo tanto, las
empresas no se quedaron con las máquinas, que eran recuperadas por los
proveedores, que tampoco se cuidaron de
conservarlas. Otro motivo que hizo dificultosa la tarea de encontrar
máquinas de contabilidad, calculadoras o computadoras, es que nadie imaginaría
en aquel momento, que solamente dos décadas después, estas máquinas serían
consideradas “reliquias”, y que existirían personas dedicadas a su estudio y
preservación. Este nuevo fenómeno, que estudia la evolución del hombre a través
de su desarrollo tecnológico, es generalmente conformado por personas (de
manera individual o grupal) que presenciaron el desarrollo de la informática
desde los últimos cincuenta años en adelante y en donde cada máquina que
integra su colección esconde un sentimiento por el que es especialmente
preservada.
DPI, un ejemplo de visión y
conservación
La mayoría de las máquinas de procesamiento de datos y terminales de
computadoras, que pude encontrar estaban reunidas de una manera muy curiosa en
un solo lugar; un viejo depósito de la Dirección Provincial de Informática
(DPI) en la ciudad de Santa Fe.
Luego de varios años de utilizar equipos de registro unitario
(tabuladoras) y con la incorporación de la primera computadora (IBM
System/360-20), se inauguró el Centro de Cómputos de la Provincia, en julio de
1969. Previamente se creó una Comisión para el Estudio y Racionalización de
Sistemas de Información y un grupo de analistas y programadores pioneros
desarrolló sistemas de: Estadísticas y Censos, Impuesto Inmobiliario, Catastro,
Contaduría General, Sueldos y Jubilaciones. Más tarde, en 1971, se incorporó
una computadora más poderosa (IBM 370/135) en el entonces Ministerio de
Bienestar Social. En 1983 ya estaban disponibles varias terminales de video
(pantallas y teclado) que partiendo de un esquema centralizado en un gran
equipo (mainframe), se conectaban a
éste a través de la primera red de comunicación de datos de la Provincia de
Santa Fe. Entre sus tareas diarias, el Centro de Cómputos tenía la liquidación
de sueldos de los empleados públicos correspondientes a toda la Provincia,
tarea que era realizada por los equipos de computación mayores, provistos en su
mayoría por IBM.
A medida que iban ingresando nuevos equipos de procesamiento de datos,
la idea de conservar las máquinas obsoletas del Centro estuvo rondando las
mentes de muchos de los empleados de la DPI. “Simplemente tuvimos la idea de
hacer algo con las máquinas que tanto trabajo nos habían ahorrado no hacía
mucho tiempo atrás, y sugerimos que se hiciera una especie de 'Arca de Noé' de
las computadoras, acumulando las máquinas obsoletas en un viejo depósito y
conservando dos de cada tipo, esperando hacer algo en el futuro con ellas y con
las restantes. La gran mayoría fue a parar a instituciones educativas de la
ciudad, que estaban relacionadas con
nosotros, en forma de donaciones, aunque hubo muchas que no tuvieron esa
suerte” [5].
Gracias a una visita al depósito organizada por Adriana, pude observar
la gran cantidad de máquinas almacenadas por la DPI en estos últimos años.
Integrado en su mayoría por computadoras pertenecientes al período pos-PC, el
depósito tenía una curiosidad. Una vieja sala era el punto de reunión de viejas
y enormes máquinas de procesamiento de datos, con las cuales inclusive Adriana
había trabajado, que estaban completas y en buen estado. Entre ellas, una lecto-clasificadora
IBM, de unos tres metros de largo, junto con equipos tales como una unidad de
cinta magnética, una unidad de procesamiento de datos, ambas de más de dos
metros de alto, y su correspondiente unidad de almacenamiento de datos en
disco.
También se encontraban los equipos de terminales de datos, junto con
otras computadoras pertenecientes a la era pos-PC. No solo es sorprendente el
buen estado de conservación por parte de la DPI, sino también que lograron
salvar varios manuales correspondientes a dichas máquinas y en excelente estado
también.
Otros hallazgos
La Fundación Bica Cultura de la ciudad de Santa Fe, adquirió en
propiedad un viejo edificio en cuyo interior había una pequeña sala con
máquinas de procesamiento de datos algo bastante deterioradas. Mientras el
edificio se restauraba, las máquinas y algunos muebles fueron llevados a un
depósito. Gracias a una visita organizada junto con personal de Bica Cultura pude
encontrar que figuran en el Anexo 1 y fueron incorporadas al inventario de
objetos de colección del Proyecto AHDTI.
Gracias a la vinculación con la Asociación Provincial de Profesionales
en Informática (APPEI) y su Vicepresidente, Leonardo Karchesky (integrante del
proyecto AHDTI), pudimos ubicar en la ciudad de Sunchales (Provincia de Santa Fe), más precisamente en
un museo de esa entidad y con la colaboración de la compañía Sancor Seguros,
parte del equipamiento que integraba el sistema IBM 360/25 (según se detalla en
planilla adjunta), al igual que otro equipo que se ubicó en Sancor Fábrica de
la misma localidad. Así también, en el depósito de los Almacenes de la Empresa
Provincial de Energía, en la ciudad de Santa Fe, se encontraron varios equipos
y terminales de computadoras que también se detallan en el Anexo 1 y que
también integrarían mas adelante el inventario de objetos de colección del
AHDTI. [6]
Proyecto AHDTI: Aula Histórica
Dinámica de Tecnologías de Información
Este trabajo culmina con el logro de su objetivo principal, detallando
un Proyecto que surgió de una constelación de voluntades y continúa en este
momento, gracias al respaldo de las personas que lo llevan a cabo.
A medida que la innovación tecnológica iba imponiendo la adquisición de
nuevo equipamiento, en las organizaciones hubo sentimientos encontrados: por un
lado, la alegría de un nuevo desafío y, por otro, la nostalgia de dejar de lado
equipos que habían dado buena prestación en su momento y con el cual se
superaron desafíos planteados en el pasado. Entonces, en la mente de algún
miembro de esas organizaciones nació la idea de hacer algo con esos equipos, tener
un lugar donde guardarlos por si alguna vez surgía una oportunidad. Otras
veces, sólo quedaba espacio para los equipos nuevos, por lo que el dolor de
desguazarlos y dejarlos en algún depósito, juntando polvo, se hacía más fuerte.
La idea de un museo era una realidad lejana, poco probable si se piensa en un
país como la Argentina, con bajos presupuestos en educación y, por supuesto,
con urgencias de mayores prioridades, pero esta idea estaba siempre presente en
todos ellos.
A principios de 2002, se produce la chispa que reúne estas ganas de
hacer, esta constelación de voluntades. Primero,
se conoció mediante una nota en el diario local[4]
la iniciativa de un grupo de jóvenes que, iniciados como coleccionistas,
estaban estudiando viejas computadoras[5].
El Dto. Sistemas de la Universidad Tecnológica Nacional (Facultad Regional
Santa Fe) dejó en claro que la propuesta de un lugar para albergar estas
computadoras era asunto serio cuando decidió brindarle al grupo un espacio
transitorio para alojar las máquinas y además de darle un apoyo incondicional
al proyecto. En segundo lugar, un llamado de personal de la DPI que tenía a su
cargo la triste tarea de desprenderse de los equipos “viejos”, dejó en claro
que tenían las mismas intenciones que el Departamento y el grupo.
Se convocó entonces, a una primera reunión, a entidades interesadas en
apoyar un proyecto que tenía como principal objetivo “abrir la historia de la informática para que actuales y futuras
generaciones puedan aprender sobre la historia, estableciendo la unión entre la
cultura, la tecnología informática, las telecomunicaciones y la vida cotidiana,
donde se estudie el progreso humano bajo su desarrollo tecnológico”. Se
unieron luego a la propuesta varios representantes de Escuelas Técnicas de
nivel medio que agregaron la finalidad de “crear
un espacio de vinculación Nivel Medio–Universidad por medio del trabajo y el
aprendizaje, en un ambiente de mutua colaboración, que permita la articulación
entre los dos niveles, generando pasantías laborales en la especialidad
informática y de esta manera fomentar la inserción de los alumnos en la
Universidad” [7].
A mediados de 2002 ya estaban participando en el Proyecto entidades con
una trayectoria muy importante en lo relativo a las tecnologías de la
información, como el Centro Regional de Investigación y Desarrollo (CERIDE),
perteneciente al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET) y la Asociación Provincial de Profesionales en Informática (APPEI).
Todo ello culminó con el interés e integración por parte del Ejército Argentino
con su Liceo Militar General Belgrano.
Al Proyecto se lo denominó “Aula Histórica Dinámica de Tecnologías de
Información”. Es importante explicar los términos que componen ese nombre, para
aclarar así sus objetivos y actividades. Cuando se habla de un Aula, es porque se necesita un espacio
lo suficientemente amplio como para albergar todas las máquinas que
posteriormente serán estudiadas; es Histórica
porque, debido a la antigüedad de los componentes físicos de sus objetos de
colección y de los programas de software, solamente se estudian tecnologías
desaparecidas; es Dinámica porque
será también un ambiente de investigación, que no se limitará a la muestra
museística; y es de Tecnologías de Información porque abarca todo lo vinculado con el
manejo de información y su evolución, de los últimos cincuenta años.
Las acciones para el logro de los objetivos del AHDTI fueron
clasificadas en: Museísticas y culturales; Educativas y de nivel
medio–universidad; de Difusión y de Vinculación externa o con el medio
(nacional e internacional). Las actividades se clasificaron en locales y a
distancia; para dar la posibilidad, mediante servicio web, a las personas
interesadas que necesiten cualquier tipo de información disponible del AHDTI o
esté dispersa en otras regiones de la Argentina y del mundo.
ANEXOS
1. Máquinas encontradas
A pesar de los motivos antes
expuestos, hubo máquinas que lograron sobrevivir a su casi total aniquilación
por parte de los proveedores y usuarios que no tuvieron en cuenta su futura
importancia. Curiosamente, la mayoría de las máquinas que se encontraron en el
curso de nuestra investigación fueron
localizadas en organizaciones estatales (algunas, como se pudo ver, con claras
intenciones de conservación), guardadas generalmente en viejos depósitos.
Hasta la fecha del presente trabajo se han localizado los siguientes
equipos y partes de computadoras:
·
Mainframes,
Computadoras y Microcomputadoras*
Apple II+
Commodore PET
IBM 360/25
IBM 3742
IBM 34
Ferranti Mercury II
Olivetti Ivrea
Programma 101
Tandy Radioshack TRS-80 Model
I
Unidad
de almacenamiento en disco rígido
MAI Basic Four Information System
Unidad
de almacenamiento en disco flexible
Apple II Unit I
& II
Unidad
de almacenamiento magnético
IBM 2415
IBM 3420
Unidad de control
IBM 2415
IBM 2803
Impresoras
IBM 3203
IBM 3287
MAI Basic Four
Information System
Lectoclasificadora
de tarjetas perforadas
IBM 3505
Terminales
MAI Basic Four
Information System
Radioshack TRS 80 DT-1 (Data Terminal)
*Anteriores
al anuncio de la IBM PC en Agosto, 1981.
2. IBM en América Latina
Como puede verse en el cuadro adjunto, Argentina fue, con Chile, uno de
los dos primeros países latinoamericanos donde IBM se instaló o realizó
negocios [8].
ALEMANIA,
|
1910
|
REINO UNIDO,
|
1912
|
FRANCIA,
|
1914
|
CANADA,
|
1917
|
ARGENTINA,
|
1924
|
CHILE,
|
1924 |
SUIZA,
|
1927
|
ITALIA,
|
1928
|
SUECIA,
|
1928
|
AUSTRIA,
|
1928
|
Países que integraron
la temprana expansión de IBM
Pero las primeras máquinas de registro unitario de América Latina se
instalaron en Brasil, en 1921, en el Ferrocarril Oeste de Minas, el Ferrocarril
Central de Brasil, el Departamento de
Salud Pública y el Ministerio de Guerra. En 1925 se instalaron en la Argentina
- en el Banco Hipotecario Nacional y en Direcciones de Estadística (en las
ciudades de Buenos Aires y La Plata) y en Chile, en los Ferrocarriles Chilenos
del Estado. México instaló las primeras, en 1927, en los Ferrocarriles
Nacionales y en 1928 en: Petróleos del Águila, Fábrica de Papel San Rafael y el
Banco de México. En 1929 se las instaló en: Compañía de Luz (Mexicana Power and
Light Co.), Departamento Central, Petróleos El Águila, en Tampico y
Coatzacoalcos y además en el Departamento de Estadísticas, para preparar el
Censo de 1930. En ese mismo año Perú las instaló en la Superintendencia General
de Aduanas. Guatemala lo hizo en Ferrocarriles Internacionales de Centro
América. Las primeras máquinas alfabéticas de América Latina se instalaron en 1934
en Brasil y en México [9].
Las tarjetas para perforar, elemento
básico para la operación de las máquinas, eran fabricadas desde 1927 en un solo
país, la Argentina. Al año siguiente le correspondió a México y posteriormente
a Brasil, en 1935. Los demás países tenían que importarlas. Poco a poco,
América Latina se fue mecanizando y hubo centros en 1938 en Colombia, Uruguay y
Venezuela; en 1941 en Panamá (en la Agencia de Seguro Social) y en Paraguay; en
1945, en el Ministerio de Hacienda de El Salvador. En 1946 México abrió
sucursales en las ciudades de Guadalajara y Monterrey, y en 1949 Honduras
inauguró su primer centro en el Ferrocarril de Tela. El último país que los
abrió fue Nicaragua, en 1954, en el Ministerio de Finanzas y Crédito Público.
Hacia 1955 toda América Latina contaba con centros de mecanización de datos
equipados por IBM.
Referencias
[1] “Entrevista a Jorge Watson”, realizada por el autor. Santa Fé, 2002.
[2] “IBM
Highlights 1885-1969” en formato PDF. IBM Corporate Archives.
http://www-1.ibm.com/ibm/history/documents/pdf/1885-1969.pdf
[3] “La Argentina y la computadora”. Nicolás Babini. Editorial Dunken,
2003.
[4] “Entrevista a Víctor Pereyra”, realizada por el autor. Santa Fé,
2003.
[5] “Entrevista
a Adriana Grenón” integrante del Proyecto AHDTI, realizada por el autor.
Santa Fe, 2002.
[6] “Entrevista
a Leonardo Karchesky” realizada por el autor. Karchesky es integrante del
Proyecto AHDTI y vice-Presidente de APPEI. Santa Fe, 2003.
[7] “Documento de Presentación del AHDTI”. Santa Fe, 2003.
[8] “Frequently Asked Questions” en formato PDF.
IBM
Corporate Archives. http://www-1.ibm.com/ibm/history/documents/pdf/faq.pdf
[9] “Historia
de la Computadora”. Asociación Colombiana de Ingenieros en Sistemas. Museo
Colombiano de Computadoras. http://agamenon.uniandes.edu.co/museo/prologo.htm
Acerca de…
WATSON, Jorge. Integrante del Proyecto AHDTI, Jorge trabajó como
ferroviario en la Estación de Ferrocarril Gral. Belgrano de la ciudad de Santa
Fe durante el período 1935-1955.
BABINI, Nicolás. Historiador de la
Computación en Argentina, Nicolás escribió varios artículos sobre este tema. Hoy
en día, esta trabajando en un Seminario de la Historia de la Computación (donde
está incluido dentro del grupo el autor de este trabajo) recopilando todo lo
que tenga que ver con la historia de la computación en Argentina.
PEREYRA, Víctor. Un antiguo
programador de la Ferranti Mercury, Víctor trabajó con una de las primeras
computadoras en llegar al país. Estuvo incluso, ligado con computadoras
dictando seminarios y cursos en EE.UU. y Argentina.
GRENON, Adriana. Integrante del Proyecto AHDTI, Adriana
trabajó con antiguas máquinas de procesamiento de datos en los 70s y hoy
desempeña su trabajo en la actual DPI de la Ciudad de Santa Fe.
KARCHESKY, Leonardo. Integrante del Proyecto AHDTI, Leo
es vice-presidente de APPEI y actualmente trabaja para la Empresa Provincial de
Energía de la Ciudad de Santa Fe. Trabajó con antiguas computadoras en los 70s.
Este trabajo fue corregido por Nicolás Babini
[1] Párrafo citado del Documento de Presentación del Proyecto Aula Histórica Dinámica de Tecnologías de Información (AHDTI).
[2] IBM fue conocida desde 1911, como Computing Tabulating Register Co. hasta 1924, cuando Thomas Watson, ya en la presidencia de la compañía hacía unos años, la renombraría como International Business Machines Corp.
[3] En aquél tiempo, IBM era conocida como IBM-World Trade Center
[4] Diario El Litoral, edición del 14 de Mayo de 2002. (http://www.ellitoral.com)
[5] El autor de este trabajo comenzó con el grupo, el cuál inmediatamente recibió a dos personas interesadas en viejas computadoras a trabajar con él. Posteriormente se agregaron otras dos personas sumando el total de cinco integrantes.