HOMENAJE Y EPITAFIO A NUESTRA MORADA DE MAIPÚ 860, TUCUMÁN, ERIGIDA POR DON ANDRÉS CARVAJAL EN 1949 Y DEMOLIDA EN MAYO DE 2006.

 

San Miguel de Tucumán, 15.05.06.-

 

Querida familia: Quería comentarles que la casa de la abuela, en calle Maipú 860, Tel. 15524, acaba de ser demolida. Lo propio ocurrió con la que se encontraba al lado, hacia el norte (en dirección del Casino). Allí se alzará en breve un gran edificio.-

 

Me dio mucha tristeza ver que la casa donde nuestra familia compartió tantas vivencias hoy ya no exista. Allí nacimos muchos de nosotros, todos los Ávila; todos los Roldan; algunos González Navarro y creo que algunos Escudé. Allí también murieron nuestros queridos abuelos. En esta casa aprendí a querer  al abuelo Andrés, a quien no conocí pero cuya figura era omnipresente. En mi vida vi un dolor igual al que produjo su partida, que permaneció durante décadas. En la Maipú he visto agonizar y morir a la abuela, y a Mamá y Manghy acompañar sus restos a Buenos Aires, mientras nosotros –pequeños de primaria- nos quedamos en la casona, acompañados por Juana Rosa. En la soledad de esos días, yo recordaba cuando madrugaba y me sentaba en la escalera, esperando que la abuela se levante para acompañarla a desayunar con facturas, que no había más tarde. O cuando ella presidía la mesa del comedor de diario, inundada por el humo de los cigarrillos, mientras yo escuchaba atentamente las conversaciones, sin articular palabra. Esto valió que me motejara como “el lorito del italiano: non parla, ma se fica molto”.-

En la Maipú se celebraron los casamientos de todas las hermanas Carvajal y yo recuerdo vívidamente el de Coquita, vestido con mi traje blanco de comunión -realizada ese mismo día, 8° de Diciembre- compitiendo con el soberbio traje de gala militar de Jorge. Acá se festejaron los 15 años de Lucy y mil fiestas, navidades y años nuevos. Desde acá se llamó tantas veces por teléfono a los Escudé, residentes en EE.UU., y se recibieron llamadas provenientes desde allí, que en esa época, tenían un “ring” claramente diferenciado, que al sonar alborotaba a todos.-

Como ven, son muchas las cosas que ha movido en mí esta noticia y seguramente lo mismo ocurrirá con Uds. Quería participárselos. Un abrazo a todos. GUILLERMO ÁVILA CARVAJAL.- 

 

RESPUESTA DE GRACIELA CARVAJAL DE ESCUDÉ

 

Querido Guille: Carlos me dio la noticia de la demolición de "la Maipú" cuando Chacho estaba internado en el sanatorio y yo con él. Estuve como acompañante día y noche hasta que volvimos a casa. Podés imaginarte los recuerdos que desfilaron por mi mente. La historia de "la Maipú" comienza con la predicción de la adivina. Era el fuerte al que acudíamos para celebrar, o cuando algo andaba mal. Yo me instalé allí con mis tres hijos y sin un centavo cuando Chacho estuvo en el exilio. Ese hogar irradiaba el amor de sus dueños, el nido al cual nunca dejamos de pertenecer, los sueños de nuestro padre hechos realidad. Los años se sucedieron y después de la muerte prematura de papi, mami, que guardaba su profundo dolor para su intimidad, presidía la mesa y reuniones con esa paz que irradiaba y nos hacía sentir bien. Con lagrimas en los ojos me digo: "Tal vez sea mejor que la Maipú desaparezca antes que gentes desconocidas profanen sus cuartos, paredes, tierra..." Una vez en su tiempo alcanzó su meta, y poco después la muerte temprana de su dueño, acabó esa etapa de risas y lágrimas. Nunca la olvidaremos.

 

Chacho está bastante bien, pero todavía tiene varios estudios y análisis por delante, hasta que regulen adecuadamente el marca-pasos. Espero que todos estén bien. Besos, cariñosamente. Cielo

 

 

RESPUESTA DE COQUITA CARVAJAL DE GONZÁLEZ NAVARRO

 

Querido Guille: recibí tu mail y te agradezco mucho tus líneas. Ya Carlos me había contado por mail la demolición de nuestra casa. Aunque Lucy me había anticipado esa posibilidad, lo mismo me sacudió muy fuerte cuando me enteré que era una realidad. Me emocioné tanto que llore, Guille, y se agolparon en mi mente tantas vivencias, recuerdos, risas y llantos. Nuestras Navidades allí. A mí me encargaban siempre el arreglo de la casa y las mesas, en el patio para los niños y los adultos en el comedor, pero todos unidos. La presencia de Justina y Don Augusto que venían con su dulce carga de huevos quimbos y otras delicias... En fin, imposible describir todo. Gracias a Dios, a todo lo tenemos guardado en nuestra mente y allí no llegará esta demolición. Querido ahijado, te quiero mucho. Cariños para todos y especiales para Silvia que también entra en nuestros recuerdos y a quien quise desde que la conocí en tu casa de Balcarce. Coqui

 

RESPUESTA DE GRACIELA ESCUDÉ

 

Querido Guillermito, me has dejado anonadada. No puedo entender que se haya demolido esa casa que atesoraba tantas vivencias de todos nosotros. Y comparto, al igual que vos, mucho dolor. Para mí esa casa representa tantas cosas que no puedo ni empezar a detallarlas. Son recuerdos que sin duda me acompañarán toda la vida. La abuela, los 'Ávila' los 'Roldan' y los 'González Navarro', como les decíamos. Nunca me voy a olvidar la impresión que me causaron todos cuando entré en esa casa por primera vez al volver de Estados Unidos y descubrir que tenía tantos, pero tantos tíos, tías, primos y primas, universo totalmente desconocido para mí. Tengo particularmente grabada la imagen del comedor, al igual que vos, de las navidades que pasé allí, y de todos nosotros jugando en el patio. Otra imagen muy recordada y querida para mí es tu papi, mi padrino, cantando Blue Moon, cuando yo estaba en cama por mis ataques de asma, y cómo me llevaban tu papi y mami al Sanatorio del Niño todos los días para mis nebulizaciones en la estanciera, cuando todavía mis padres estaban en Buenos Aires, y tantas otras cosas.

 

Y bueno, supongo que también es un recuerdo, de alguna manera, del carácter transitorio que tiene todo en esta vida!!. 

 

Bueno, querido primo, ¡espero que la próxima comunicación 'familiar' tenga una nota más alegre!!!

 

Cariños a todos, Graciela

 

RESPUESTA DE FÁTIMA ROLDÁN

 

Querido Guillermo, mil gracias por tus memorias en muchas de las cuales me identifico. Yo recuerdo cómo besé las paredes de toda la casa el día en que nos vinimos a Buenos Aires; me costó tanto dejarla atrás que me prometí que nunca me ataría a ninguna otra casa para no llorar como ese día. En un viaje que hice con mi familia a Tucumán me saqué con mis chicos una foto en la puerta de la casa, porque parecerá tonto pero sentí que le presentaba a mi familia.

Te mando un beso enorme. Fátima

 

RESPUESTA DE JORGE GONZÁLEZ NAVARRO (hijo)

Guillermito: Recién ahora me puedo sentar tranquilo a responder tu correo, que tan fuerte me ha pegado. La verdad es que siendo casi el primo más joven (la menor es Constanza), no es mucho lo que puedo decir ya que mis recuerdos me traicionan un poco. Sin embargo a la casa la recuerdo perfectamente por dentro, con ese comedor de diario testigo de tantísimas reuniones familiares, ese escritorio señorial y ese fastuoso living que en realidad eran como tres a la vez, uno de los cuales se encontraba debajo de la escalera (actualmente en la casa de mis padres) y donde mi papá era recibido por mi mamá seguramente con muchos besos. Cómo olvidarme del Sagrado Corazón que había a media escalera, dónde muchos seguramente agradecían gracias recibidas. O cómo no mencionar la famosa leñera, lugar donde nunca pude congraciarme con mi inmensa curiosidad ya que nunca me dejaron entrar. Dónde sí recuerdo entretenerme durante mucho tiempo es en el cuarto de la alacena, al lado del comedor de diario, repleto siempre de alimentos de todo tipo; para mí era como un supermercado pequeño. Por ultimo no debo dejar de mencionar ese maravilloso zaguán donde seguramente todos nuestros padres se habrán dado sus besos de despedida en visitas dominicales, y desde donde quizás hayan proyectado nuestras familias y todos sus sueños. Creo que ninguna demolición va a derrumbar nuestros recuerdos. Te mando en fuerte abrazo con dolor pero con esperanza también, porque si hay algo que no deben olvidar las personas son las raíces de su pasado. Hasta siempre. Jorge

  

RESPUESTA DE LUCIA ÁVILA

 

Querido gordito, que hermosa carta y que real, ojalá pudiera expresar todos lo que siento como vos. Me parece increíble que nunca más vayamos a verla y con una sonrisa recordar tantos momentos inolvidables. La triste sensación es que nunca existió, y es como si me hubieran robado algo tan importante como mi infancia. Querido gordito gracias por las fotos. Te quiero mucho. Lucy

 

RESPUESTA DE GUILLERMO ESCUDÉ

 

Querido primo: Muchas gracias por la información y por tus sentidas reflexiones. Me hubiera partido el alma pasar un día por allí por casualidad y comprobar recién que ya no está la casa. Yo, siendo uno o dos años mayor que vos, tengo también infinidad de recuerdos asociados a ella a pesar de no haber vivido más que pasajeramente allí. Pero al ser recuerdos de la más temprana infancia y la adolescencia, son de gran valor. Siempre que he tenido la oportunidad de ir a Tucumán he pasado por el frente de "la Maipú" y me ha embargado una mezcla de nostalgia y tristeza. Espero verte una de estas. Nuevamente mi agradecimiento. Cariños a los tuyos. Un gran abrazo. Guillermo

 

RESPUESTA DE MADALÍ GONZÁLEZ NAVARRO

 

Querido Guille: Gracias por tan triste noticia. Realmente me dolió mucho ver las fotos. En mis últimos viajes a Tucumán no pasé por la casa y ver los despojos me dio mucha pena. También guardo muchos recuerdos y aunque nunca tuve mucha memoria, conservo imágenes imborrables de las cosas vividas allí. Además, tus palabras fueron muy emotivas y no te imaginas lo que me conmovieron las lágrimas de mamá, que quedó realmente sentida. Creo que algunas personas nunca entenderán nuestros sentimientos, pero nuestra familia grande, que gracias a Dios es tan unida, comparte la tristeza.

Un fuerte abrazo. Madalí 

 

RESPUESTA DE DANIEL ROLDÁN

 

Conmovido por la conmoción de la familia ante la demolición del Templo Carvajal.

 

RESPUESTA DE CARLOS ESCUDÉ

 

Esta novedad me produce una tristeza infinita. De polvo somos... y al polvo volverán nuestras casas y ciudades. Carlos

 

Querido Guillermo: subiré tu carta a nuestra página de Internet como homenaje y epitafio para la casa que despedimos. Un abrazo, Carlos